Almuerzos y Cenas Vegano Vegetariano

Pebre de Ulte

Si quisiera explicarte mi relación con la comida durante mi infancia, lo más sencillo sería que imagines a un niño sentado a la mesa con los brazos cruzados y un puchero de dos metros, negándome a comer cualquier cosa que no fuera puré con pollo.
La verdad es que no se lo hice nada de fácil a mi mamá, de la misma forma que ella me torturaba aún más insistiendo en que debía comer cochayuyo al menos una vez a la semana.  Si mis berrinches eran grandes cuando debía comer porotos o carbonada, comer algas era una batalla épica entre mi repulsión y la obstinación de mi mamá.

Su técnica era eficaz, ya que no me retaba, ni se sentaba a mi lado con la cuchara en la mano, simplemente comía en silencio ignorando todos mis llantos, arcadas y resto de aptitudes para el drama. Al terminar de almorzar, se paraba y me decía con voz fuerte y firme: ” No te levantas de la mesa hasta que termines de comer todo”. Desobedecer no era opción, así que un par de veces me tocó estar sentado ahí hasta la hora de once y mientras todos comían pan batido con palta yo tenía mis resbaladizas y frías algas frente a mi.
Seguramente aburrida de mis berrinches fue experimentando otras formas de torturarme alimentarme con cochayuyo y un día maravilloso puso frente a mi un plato de esa alga café de una forma totalmente diferente. Tal como lo hacía con las guatitas (otra cosa que obvio no podía comer). Lo preparó en pequeños trozos con cubitos de papas fritas, arvejas, zanahorias y salsa de tomates. El delicioso sabor de las papas fritas era suficiente para disimular todo lo demás y con mucha velocidad y los ojos cerrados dejaba el plato limpio antes que mi lengua reaccionara al engaño.
Con el tiempo mi madre dejó de preparar esos platos, seguro ella tampoco los toleraba, pero su misión era que sus hijos crecieran fuertes y sanos, motivo suficiente para recordar todo eso como una anécdota y adorarla infinitamente.

Después de esa introducción quizás no van a entender esto, yo tampoco lo hago, pero adoro el ulte, siempre lo he hecho, si antes del puré con pollo había ensalada de ulte nada podía ser más perfecto. De todas formas si mi madre me hubiera dicho que era una parte de la misma alga que me hacía vomitar y no apio cocido cómo inventó, seguro no lo habría comido, por lo mismo no voy a juzgarla por esa mentira.

No sería exageración decir que este pebre puede tener efectos catárticos en muchos que fueron tan mañosos como yo.

Ingredientes.
1 penca de apio.
1 cebolla morada.
1 diente de ajo.
1 taza de perejil picado fino.
1 taza de tomates perita.
1/2 taza de aceite de oliva.
1 limón.
sal a gusto.
Preparar este pebre no puede ser más sencillo, simplemente hay que picar todos los ingredientes en trozos pequeños y luego aliñar con el aceite, sal y limón.
Con el ají, tu decides cuanto y si le sacas o no las pepas.
Al igual que el pebre tradicional, para un mejor sabor, deja macerar en el refrigerador una hora antes de servir.
¿Cómo comerlo? como se te ocurra, con trozos de pan para picotear o tal como lo hacemos con la carne y empanadas, pero sin duda va perfecto sobre pescado o una empanada de mariscos. Yo lo hice para acompañar albacora asada a la albahaca.
Un dato para el final, Cochayuyo es la palabra quechua para “nabo de mar”.

2 Comentarios

  • Reply
    Pamela
    Octubre 14, 2015 at 8:54 pm

    hola Panbatido!! Está increíble tu blog, me encantan las fotos y los textos, para no decir las recetas. Ya nos conocíamos en Instagram, pero no había visto que tenía el blog, hoy te encontré en BRBC. Creo que todas las madres de Chile sufrieron lo que la tuya con al afán de bien alimentar a sus criaturas. El ulte es una pura delicia, tan poco considerada en la cocina chilena y esta receta tuya está genial. ¡ viva el pebre de ulte!. Saludos desde La Campana

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    Juan Riquelme
    Septiembre 2, 2015 at 1:29 pm

    Como las buenas recetas, simple y rico

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