Almuerzos y Cenas

Cómo hacer Pasta Fresca con Máquina.

Nuevamente estamos a días de navidad y no dejo de pensar en una conversación que tuve hace poco con mi mamá. Siempre le llamó la atención lo fácil que era complacerme a la hora de hacer regalos. A diferencia de mi hermana y hermano, jamás me llamó la atención hacer una lista de juguetes o ropa de alguna marca específica. Un poco en broma. un poco en serio. le dije que era para compensar lo mañoso que era con la comida.

Quizás porque siempre supe que los regalos bajo el árbol no venían de una fábrica en el polo norte y por años me hice el creyente por seguirle el juego a mi mamá. También por estar consciente de lo que constantemente mis papás me entregaban día a día sin necesidad de papeles y cintas de colores, me hizo valorar el gesto más que los regalos.
No se confundan, no fui niño índigo  o algo por el estilo, una cosa no quita la otra y de todas formas me encantaban y me siguen encantando los regalos, incluso tengo favoritos históricos.
Un chaleco amarillo con azul tejido en telar por la abuela de mis primos, lo usé hasta que que el crecimiento me lo permitió, tenía unas figuras geométricas que parecían las naves del space invaders. También un polerón con gorro o canguro como antes le decían. Era peludo como un oso de color turquesa, tenía 4 años y recuerdo a la perfección cuando abrí el paquete de papel kraft y por primera vez veía algo de ese color. Hasta el día de hoy es mi color favorito.
Tuve también un camión de madera que me hizo mi tío con sus propias manos. Yo mismo lo ayude a armar y pintar de azul marino con el parachoques rojo, las ruedas, perfectamente redondas y de madera, las pintamos en amarillo. Por las ventanas sin vidrio del camión coloqué otro de mis juguetes favoritos, una figura de goma con interior de alambre capaz de tomar la forma más imposible para luego volver a su forma menos macabra. Era un hombre negro de piernas tres veces más largas que su cuerpo, vestido con patas elefante, una polera con todos los colores y un peinado afro tan grande que hacía imposible que se mantuviera en pie. No tengo recuerdos de cómo llegó a mis manos, pero si recuerdo que en el momento que lo metí al camión, nunca más lo pude sacar. Para siempre quedó escondido bajo el asiento de palo.

No todos mis regalos favoritos son del siglo pasado, uno de ellos me lo regaló justamente mi mamá hace varios meses un domingo en su casa, una máquina para hacer pasta que hace años mi papá compró y jamás ocupó. Yo salté en una pata y para hacer las cosas bien correctas le dí las gracias primero a ella y luego corrí al jardín donde mi papá regaba las rosas y calas que tanto cuida. No sé si su cara era de sorpresa o resignación a la determinación de su mujer. Cómo sea, mi nueva “usada” máquina para pastas y yo, no íbamos a meternos en asuntos de pareja.

La verdad, no hay mucha ciencia a la hora de hacer pasta con esta máquina, pero si hay un par de consejos que pueden ser útiles al usarla y no terminar con un engrudo atascado en los rodillos.
En esta ocasión usé la máquina para hacer ravioli, pero evidentemente servirá para hacer lasagna, fetuccini, tagliatelle, spaghetti y dependiendo de los accesorios que compres muchos tipos de pasta más.
Ahora, recetas de pasas hay muchas, con distintos tipos de harinas integrales, finas, de sémola, etc, pero para hacer este paso a paso, voy a hacer la más simple de todas, la clásica pasta al huevo.

Ingredientes. (para 2 a 3 personas)

100 gramos de harina de trigo fina.
1 huevo mediano.
1 cucharadita de aceite de oliva.

Coloca la harina dentro de un fuente o superficie de madera muy limpia, haz un volcán y en el centro agrega el huevo que debe estar a temperatura ambiente.
Con un tenedor rompe la yema y comienza a batir suavemente evitando mezclar con la harina, cuando el huevo esté batido, agrega el aceite de oliva, mezcla bien y comienza lentamente a agregar harina de las paredes del volcán.
Cuando tengas todo incorporado en una masa, utiliza las manos para compactar y terminar de unir, amasa suavemente por unos minutos hasta conseguir una masa suave y blanda.
En el caso que quieras hacer la pasta a mano y con uslero, es mejor refrigerar la masa por al menos media hora para evitar que se rompa al estirarla, pero como usaremos máquina podemos comenzar ahora mismo a fabricar la pasta.
Si necesitas aumentar la cantidad, considera que por cada 100 gramos de harina debes agregar un huevo más.

Divide la masa en dos porciones iguales y la que no vamos a ocupar inmediatamente la debes tapar con un paño o alusa para evitar que se reseque.

Una pasta bien hecha tiene que ser muy lisa, tersa y suave, sin grumos o arrugas. Una forma fácil de conseguir esto es pasando varias veces la masa por la máquina en la posición 1, osea en la posición en que los rodillos están más separados.

Con tus manos, aplasta la masa hasta conseguir un ancho similar al de los rodillos y espolvorea un poco de harina por ambos lados. Ahora pasala una vez por la máquina con cariño, sin apurar mucho y cuando salga, doblada sobre sí misma y vuelve a pasarla, siempre con un poco de harina para que no se pegue en los rodillos, esto hay que repetirlo las veces que sea necesario hasta que la masa salga muy lisa y sin arrugas, además le darás la forma rectangular necesaria para usar la máquina.
El siguiente paso es repetir el proceso e ir cambiando la posición de los rodillos entre cada pasada hasta conseguir el espesor deseado. Cuando vayas en la posición 5 seguramente vas a necesitar cortar la masa en 2 para que no se rompa. Sigue trabajando con la mitad y la otra la dejas en una superficie enharinada.
La mayoría de las máquinas llegan hasta la posición 9, que es la ideal para tallarines fines como los cabellos de ángel, del 7 al 8 los fetuccinis quedan perfectos. Para pastas rellenas como ravioli o cannelloni e incluso lasagna es mejor dejarla en 7, que es igualmente fina, pero más resistente al manipular.
Ya con las láminas de pasta lista, puedes cortarla en las forma que deseas, enrollando como un brazo de reina y cortando con cuchillo o utilizando los accesorios de la máquina.
Para hacer ravioli yo doblo las láminas de masa sobre sí misma y me quedan de unos 4,5 centímetros. Puedes hacer más pequeños o más grandes incluso.

En cuanto al relleno, las opciones son muchas, yo hice una pasta de quesillo que pasé por la juguera y luego escurrí para sacar todo el líquido y aliñé con sal, pimienta y merkén para  luego mezclar con un poco de puré de zapallo al horno aliñado con sal y romero.
Para unir la pasta con poco de agua y un pincel es suficiente, hay que apretar bien para evitar que se abran en la cocción, yo uso un tenedor para eso y además logro una mejor presentación.
Para cocer la pasta fresca, solo tiene que dejarla caer en bastante agua hirviendo con sal y en 2 a 3 minutos estará lista, en el caso de los raviolis estarán listo a los pocos segundos que salgan a flote.
Para finalizar agregué una simple salsa de mantequilla con salvia y parmesano recién rallado. Generalmente prefiero salsas ligeras y simples en las pastas rellenas para disfrutar los sabores que esconde en su interior.
panBatido.

3 Comentarios

  • Reply
    Jpriquelmep
    Diciembre 2, 2015 at 3:00 pm

    Que buena tu historia Braulio.
    La maquina de hacer pasta realmente es util y da una excelente presentacion.
    Agregar que al hacer las “lenguetas” de masa muy finas para despues cortar en ejemplo fetuccinis es bueno dejarlas secar un poquito, 20′ tal vez, y se hace mas facil manipularlas

    • PanBatido
      Reply
      PanBatido
      Diciembre 2, 2015 at 4:46 pm

      Juan Pablo, tienes razón, se me fue ese dato, y también como conservarla, la actualizaré a penas tenga un tiempo.
      Saludos!

  • Reply
    Barbarie Perez Hernandez
    Diciembre 1, 2015 at 2:46 pm

    Yupiii tengo maquina :) haré el intento de hacer mis propios raviolis :) gracias Pan Batido :D

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