Afuera

La Riviera

Los porteños hemos crecido escuchando las palabras abandono y deterioro en boca de generaciones mayores. Es verdad que Valparaíso es una ciudad que muta vertiginosa entre la gentrificación y la decadencia, generando fuertes contrastes visuales de cerro a plan, pero lo que pasa en Avenida Pedro Montt merece tomar medidas que de una u otra forma reviertan la agonía de la calle más larga y ancha del puerto.
Lo que fue la principal avenida del barrio el Almendral, cruzando un largo tramo en el estrecho plano entre el mar y los cerros, sin duda supo de días mejores.
Antes del terremoto de 1906 y al igual que ahora, Valparaíso estaba virtualmente dividido en dos sectores, el Barrio Puerto y el Almendral, el punto limite entre ambos barrios es la plaza Sotomayor.
Después del terremoto en agosto de ese año, todo el sector quedó prácticamente en el suelo, grandes palacios y fastuosas mansiones no resistieron la fuerza del sismo y muchas familias decidieron migrar a Viña del Mar ayudando a consolidarla definitivamente como ciudad.

Es en ese momento que creo que la imagen ecléctica de la ciudad se comenzó a gestar. Valparaíso está moldeada principalmente por inmigrantes y sin duda fueron ellos los que a través de la arquitectura expresaron la necesidad de traer parte de su origen al otro lado del mundo.
Si en cualquier otro lugar un terremoto o desastre similar es la oportunidad de construir desde cero de acuerdo con estilos y tendencias del diseño y la arquitectura imperante, acá se construyó copiando atemporalmente el estilo neoclásico. Por suerte algunos vieron la posibilidad de dar vuelta la página y aportaron una arquitectura más de vanguardia, generando el contraste visual característico de la ciudad. La misma plaza Sotomayor es un claro ejemplo de discordancia de estilos.

La Ex-Intendencia es un edifico con referentes al neoclásico francés, terminado en 1910 y frente a el se emplaza el edificio del Ex-Correos de Valparaíso, actual Consejo Nacional de la Cultura y las Artes, con una clara influencia del Bauhaus inaugurado un par de décadas más tarde.
Otra cosa que sucedió en el proceso de reconstrucción, es que cambió de ser principalmente un barrio habitacional a uno más comercial. Grandes casas de fachadas palaciegas de hasta cuatro pisos se diseñaron para que en las plantas bajas funcionaran tiendas de todo tipo para abastecer las necesidades de los porteños.
Cuento corto, en 1914 se inaugura el canal de Panamá, el puerto se empobrece y hoy sobreviven solo vestigios de una ciudad que fue el centro económico del país y con los servicios más modernos de la época. Al parece ese pasado que cargamos nos dejó marcados y hasta hoy Valparaíso trata de ser algo más, Valparaíso ciudad cultural, Valparaíso ciudad patrimonial, Valparaíso la ciudad más pintoresca. Valparaíso ciudad/puerto nunca parece ser suficiente.
Sin querer me doy cuenta de que ahora soy prematuramente como una de esas generaciones mayores que habla desde la nostalgia. Pero cómo no sentirla si los lugares que frecuenté en mi infancia y adolescencia son desplazados por cadenas de restaurantes peruanos, casinos y farmacias, como si tener una por cada cuadra no fuera suficiente.
Hace unos meses fui a caminar a la feria de antigüedades de plaza O’Higgins. El plan era terminar el paseo con una reineta a lo pobre en el Bar de Renato, un viejo bar/restaurante en calle Rodriguez, perpendicular a Av. Pedro Montt, favorito de wanderinos y extranjeros ya residentes en la ciudad.
El lugar ya no existe, fue reemplazado por un local de comida peruana. La pena que sentí fue real, por un par de minutos quedé congelado mirando la fachada pensando que me había equivocado de calle. Pero no, el Renato cerró sus puertas y se fueron para siempre los vinos con fruta más ricos de la ciudad, la dos veces premiada chorrillana con interiores, las meseras que te obligaban a tomar un trago grande de pisco sour para rellenar las copas con lo que quedaba en la coctelera, los parroquianos jugando cacho y los franceses en la barra frente al espejo gigante que fue heredado de Los Siete Espejos, un mítico burdel del barrio puerto.
Sergio Larrain 1963Los 7 Espejos, Valparaíso. Sergio Larrain 1963 Agencia Magnum

Paro a tan solo cuatro cuadras de donde existía el Bar Retano, en la esquina de Pedro Montt con San Ignacio queda lo que parece ser un sobreviviente.
La Pizzería La Riviera es un local pequeño y sencillo que está en el corazón de varias generaciones de porteños y por supuesto también en el mío.
Muchas veces paseando con mi abuelo, caíamos embriagados con el increíble aroma a pizzas, empanadas y fogazzas que salen desde sus hornos. Me tomaba con sus manos y de un impulso me sentaba en una de las barras, pedía dos trozos de pizza para servir y varias empanadas para llevar, comíamos con una velocidad sincronizada con el momento de entrega del pedido. Había que comer con prisa para dejar espacio a otros clientes que no paraban de entrar.
Ese ritmo veloz al parecer se ha mantenido desde que en 1963 nuevos dueños se hicieron cargo del local donde antiguamente funcionó una fiambrería y sin mayores cambios solo se agregó el servicio de comidas, convirtiéndose en la primera pizzería de Valparaíso y la región.
Entrar hoy a La Riviera es cruzar una puerta al pasado, pequeños detalles como el uniforme impecable de sus trabajadores son señales de una época que parece lejana y que despierta la curiosidad de muchos, así lo noté en los menos de cinco minutos que estuve comienzo pizza y tomando fotos, varias personas le preguntaron al cajero la fecha de apertura mientras pagaban.


Opciones de pizza hay solo una en La Riviera, pasta de tomates italiana (que venden ahí mismo), jamón, abundante queso y orégano. Todo sobre una masa firme para comer con la mano, pero lo suficientemente suave como partir con un tenedor.
En ningún caso pretenden asemejarse a la tradicional pizza italiana, pero su exquisito sabor por lejos superior a muchos otros, ha sido su sello de calidad que han logrado mantener intacta por décadas. El trozo de pizza que disfruté en mi última visita era exactamente idéntico al que comía con mi abuelo hace más de veinticinco años.

Muy personalmente creo que es necesario darle el valor que merecen estos lugares dentro de la historia de la ciudad, porque también son parte de la historia de la mayoría de sus habitantes ayudando a generar una identidad colectiva que nos permite identificarnos como porteños. Es tarea de todos entonces, evitar que La Rivera pase la lista donde está el Bar Renato, el Café Riquet, el Roland Bar, el Bar Ingles, el Café Vienés y varios más.

Pizzería La Riviera
Pedro Montt 2405, Valparaíso
T:(32) 225 4402
facebook/pizzalariviera (no oficial)

6 Comentarios

  • Reply
    Pepe Acevedo
    Agosto 15, 2017 at 1:48 pm

    Querido Braulio, vuelvo a leer esta crónica que ya te comenté en el pasado y siento la nostalgia por ese Valparaíso que viví en infancia y adolescencia. Cada vez que visito la ciudad es una búsqueda de rincones y emociones que ya solo existen en la memoria. Gracias por que en tu relato encuentro resonancia con lo que siento, siempre con la esperanza de ver mejoras y respeto por lo que antes fue.

    • PanBatido
      Reply
      PanBatido
      Agosto 15, 2017 at 9:42 pm

      Pepe, feliz de acompañarte a recorrer la ciudad cuando vengas. Un abrazo!

  • Reply
    Ninoska
    Agosto 8, 2017 at 1:12 pm

    me dio nostalgia leer este post, habia perdido la costumbre de leer blogs hasta que llegue aqui y la foto de la pizza me cautivó, buena historia de vida, los lugares, sabores y aromas nos marcan, nos trasnportan y nos entregan tanto, ojalá mas personas lo vieran como tu.
    Gracias por compartir

    • PanBatido
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      PanBatido
      Agosto 8, 2017 at 5:21 pm

      Gracias a ti por leer y comentar. Saludos!

  • Reply
    Gabriela Mar
    Mayo 16, 2017 at 12:53 am

    Que bonita esta nota @panBatido!
    Siempre es bacán leer relatos de comida en donde se entremezclan también historias de lugares, infancia, recuerdos y personas. Porque al final eso pasa con la comida, que nos transporta a esos momentos que compartimos con otras personas, o a otros lugares. Me puse media emo, pero me pasa algo parecido. En Coquimbo también hay lugares emblemáticos que han permanecido desde hace mucho tiempo, y otros que, tal y como tú dices, han sido reemplazados por lugares de comida peruana, farmacias, o hasta casas de juegos. Un lugar tan simple como un local en una pequeña galería en donde siempre que pasaba como tía sentía el olor a maní tostado desde lejos, y que ahora es una tienda de ropa. En fin, que bonito relato y bacán leerte! Un abrazo, Gabi.

    • PanBatido
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      PanBatido
      Mayo 16, 2017 at 7:22 am

      Gracias Gabriela! Un abrazo para ti también.

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